Medición del templo y el altar

A Juan se le dio una vara para medir el templo de Dios y el altar, y contar a los que estaban ahí, pero se le dijo que no midiera el atrio exterior porque sería entregado a los gentiles que pisotearían la ciudad santa por 42 meses (vv. 1,2). La acción profética de medir el templo habla de la posesión y protección de Dios (Ez. 40:3, Zac. 2:1-2). En Ezequiel 40:3 se ordena a un hombre de bronce medir el nuevo templo (el templo de Salomón había sido destruido). Zacarías 2:1-2 es la medición de la ciudad de Jerusalén donde se profetiza su futura restauración. Cuando se escribe el Apocalipsis el templo de Jerusalén había sido destruido unos 30 años antes (70 d.C.).

Recordemos que el atrio exterior era la parte en la que los gentiles podían estar, mientras que al atrio interior podían entrar solo los adoradores judíos. El hecho de ser entregado a los paganos nos habla de gentiles incrédulos y el acto de pisotear implica oprimir con su poder a sus habitantes. Los 42 meses corresponden a los 3 años y medio de gran tribulación. Dicho templo será reconstruido antes de la gran tribulación (Dn. 9:27, Mt. 24:15, 2 Ts. 2:4), Jesús dijo que Jerusalén será pisoteado hasta el tiempo señalado (Lc. 21:24).

Los 2 testigos

Dios enviará a dos testigos con los cuales confirmará su testimonio al mundo en el tiempo final. Vendrán vestidos de ropas ásperas (llamado al arrepentimiento) y profetizarán por 1260 días (3 años y medio) (v. 3). Estos son los dos olivos y los dos candeleros que están ante Dios (v. 4). En el A.T. estos estaban representados por el sacerdote Josué y el gobernador Zorobabel quienes juntos reconstruyeron el templo en tiempos difíciles (Zac. 4:2-14). Dios le mostró a Zacarías la visión del candelero y los olivos. El olivo simboliza la unción del Espíritu y el candelero la función iluminadora al mundo y el avivamiento que trajeron estos personajes para reedificar el templo.

Como testigos de Dios estos profetizan con autoridad en el último tiempo para guiar a Israel al arrepentimiento, en días difíciles en que los paganos han tomado control de la ciudad. ¿Por qué Dios necesita testigos? para confirmar su Palabra.

Ellos no pueden ser dañados porque sale fuego de su boca y pueden cerrar el cielo, para que no llueva en el tiempo de su profecía, también pueden cambiar el agua en sangre y dañar la tierra con cualquier calamidad cuantas veces ellos quieran (Vv. 5,6). Algunos sugieren que esto se refiere a Elías y Moisés quienes tuvieron ministerios de juicio uno para liberar a los israelitas de Egipto y el otro para poder sacarlos de la idolatría cuando se hallaban oprimidos. Elías hizo descender fuego del cielo que consumió a los soldados del malvado Ocozías, también Elías hizo cerrar los cielos por tres años y medio de su ministerio en tiempos de Acab, mientras que Moisés convirtió las aguas en sangre junto con otras plagas ante el faraón.

Algunos indican que estos dos importantes profetas del Antiguo Testamento son excelentes candidatos pues estos aparecen con Jesús en el monte de la transfiguración, representando la ley y los profetas los cuales Israel dejó.

Notemos que el propósito es poder testificarle al mundo con poder en los últimos días, pero al igual que con Elías y Moisés quienes fueron perseguidos estos también sufrirán la incomprensión y la persecusión, pues al término del tiempo de su predicación, la bestia (el anticristo) los atacará y los matará (v. 7). Esto no debe tomarse como derrota pues el poder de Dios es mayor, sino porque de esto modo Dios será grandemente glorificado.

Sus cuerpos estarán en la ciudad donde Cristo fue crucificado (Jerusalén), Sodoma o Egipto en lenguaje figurado (v. 8). Sodoma fue un lugar de inmoralidades sexuales que fue juzgado con fuego y Egipto un lugar de idolatría y opresión para el pueblo de Dios, así será Jerusalén. Pero a la mitad de la semana (3 días y medio) resucitarán ante el asombro de la gente de todas las naciones quienes estaban contentos por su muerte, hasta el punto que se enviaban regalos porque veían en ellos un tormento constante (vv. 9, 10). El mundo verá en ellos un peligro y a la bestia (anticristo) un defensor.

Pero Dios los resucitará y los subirá al cielo en una nube ante la vista de sus enemigos quienes estarán asustados de esto (Vv. 11,12). Con esto queda completo el número de los profetas muertos por predicar la verdad. En el Antiguo Testamento Dios levantó a sus profetas para predicar arrepentimiento y fueron humillados, rechazados, quemados, aserrados o decapitados; pero a diferencia de los anteriores Dios los resucitó de entre los muertos ante la vista de los adversarios, con lo cual demostró que nada detendrá los propósitos divinos y que Dios recompensará a sus siervos.

los dos testigos ascienden al cielo

Al mismo tiempo habrá un gran terremoto que destruirá la décima parte de la ciudad (Jerusalén) y matará a 7000 personas y la gente que no muera llenos de miedo alabarán a Dios (v. 13). Dios dejará de manifiesto que su juicio es verdadero y muchos se arrepentirán de no haberlos oído y por ello exaltarán a Dios aunque no con un arrepentimiento de corazón. Con esto se cumple el segundo desastre (ay) pero falta uno (v. 14). El primero fue el de la 5ta trompeta (Ap. 9:12, 8:13), el segundo el de la sexta y el tercero el de la séptima.

El toque de la séptima trompeta

Al tocarse la trompeta en el cielo habían voces que decían que el reino del mundo ya es del Señor y su Mesías para reinar por siempre (v. 15). Esto ya había sido predicho por el ángel en Ap. 10. Los 24 ancianos vuelven a escena y adoraron a Dios diciendo que le daban gracias porque ha tomado su poder y ha comenzado a reinar (V. 16, 17). También mencionan que las naciones se han enfurecido pero su ira ha llegado donde él juzgará a los muertos y dará su recompensa a los profetas y a su pueblo, y destruirá a los que destruyen la tierra (v. 18).

En otras palabras el testimonio de tres años y medio con los juicios enviados es lo que causó la ira del anticristo y las naciones, cuando Dios los resucita y los lleva con él entonces desatará su ira y su juicio, quitando el dominio de las naciones a quienes lo tendrán. Aquí se enseña que el reino de Cristo llegó y no hasta el capítulo 20 donde vendrá el milenio, sino que primero ocurre como una declaración celestial. Los profetas y los santos recibirán la recompensa de la herencia.

SEÑALES SIMBÓLICAS (11:19- 15:1)

Visión preparatoria

Entonces se vio el templo de Dios abierto en el cielo y se veía el arca del pacto. Se oyeron voces, relámpagos, truenos, terremoto y una granizada (v. 19). El arca del pacto era un símbolo temporal de la presencia de Dios entre su pueblo, el hecho de que Juan lo halla visto en el templo celestial nos habla que Dios cumplirá su pacto con su pueblo y que nadie podrá detenerlo en la tierra.

Las visiones del capítulo 12-14 son señales que simbolizan la batalla entre el bien y el mal, y que anteceden al derramamiento de las 7 copas de la ira de Dios. Podemos decir que las visiones del capítulo 11 al 14 ocurren durante el mismo periodo de 3 años y medio de tribulación, es decir, son paralelas.