El capítulo 13 de Apocalipsis presenta de forma simbólica la aparición de dos bestias, una del mar y otra de la tierra que llevarán al mundo a la adoración idolátrica, al totalitarismo y a la persecución. Ambos personajes son una imitación burda de Cristo y el Espíritu Santo en su ministerio en la búsqueda de implantar el reino satánico a plenitud. Recordemos que el capítulo 12 termina con el dragón yendo a hacer guerra contra la descendencia de la mujer quienes tienen el testimonio de Jesús y guardan sus mandamientos haciendo referencia a los creyentes.

La primera bestia surge del mar (v. 1), lugar que en Apocalipsis y en el lenguaje mitológico y apocalíptico era un lugar de caos, el mismo mundo en crisis (Dan. 7:2), otros dicen que se refiere a que surgirá del mar mediterráneo donde Juan se hallaba. Este monstruo tiene siete cabezas y diez cuernos, de aspecto semejante al dragón (Satanás), en cada cuerno tiene una corona y en sus cabezas ofensas contra Dios. Esta bestia tiene un parecido al dragón en cuanto a poder y reino, los cuernos representan poder y el diez habla de su totalidad, mientras que las 7 cabezas blasfemas se refieren a autoridad plena. Sus blasfemias nos indican su espíritu contrario a Dios, tanto en Palabra como en obra.

En lenguaje apocalíptico las cabezas pueden representar reinos divididos que forman parte de un todo (Dan. 7:6) y los cuernos pueden referirse a reyes que salen de un reino (Dan. 7:24). Una interpretación alternativa es que la bestia que sube del mar es un imperio político en rebelión contra Dios y con la fuerza del maligno del cual surge el anticristo, el cuerno pequeño, como en Daniel, o bien, ¿toda la bestia es el anticristo? Si tomamos en cuenta la interpretación del ángel a Juan en Apocalipsis 17 y que la bestia sobre la cual se monta la mujer es igual a esta pues tiene la misma descripción, las siete cabezas son colinas y reyes, y los cuernos son reyes (vv. 9-12). ¿Cómo es esto? Apo 17:11  dice “La bestia, que antes era pero ya no es, es el octavo rey. Está incluido entre los siete, y va rumbo a la destrucción.” Entonces la bestia representa a sus reyes anteriores (el imperio), pero en realidad sería un rey acompañado de otros diez reyes.

La interpretación historicista dice que la bestia no es otro que Nerón o Diocleciano, emperadores malvados que persiguieron a la iglesia en el siglo I durante el tiempo de Juan de Patmos. Si esta es una interpretación adecuada lo mismo se puede decir de los muchos gobernantes con poder y opositores al evangelio de la historia tales como Nerón o Stalin, ¿pero habrá un personaje último quien arrastrará a la humanidad tras sí? esta es la posición de los futuristas.

Juan dice que esta bestia parecía leopardo, pero tenía patas de oso, boca de león (Ap. 13:2), según su visión; tenía las características de las bestias y reinos de Daniel 7, Grecia, Medo Persia y Babilonia. A primera vista diremos que aparenta belleza y grandeza, gran poder destructor en lo que pisa, voz de autoridad como la de un león.

El dragón le dio poder, trono y autoridad para cumplir su voluntad (v. 2). Aquí se cumple de alguna forma el engaño satánico de la tentación a Jesús “Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.” (Lc. 4:6). Obviamente nada podría ser si Dios no se lo permite y por breve tiempo podrá compartir con esta bestia la autoridad temporal que tiene sobre la tierra. La autorización divina la leemos en la expresión “se le dio boca… se le dio autoridad” (v. 5), lo cual implica que Dios tiene el control supremo.

  Esta bestia imita a Cristo en que fue herida de muerte en una de sus cabezas, pero fue curada, semejante a como Jesús murió y resucitó (v. 3). De este modo ganó la admiración y adoración para el dragón (diablo) y para él (anticristo). Él intenta imitar y parodiar la obra de Cristo, y lo logra engañando a todos los que esperan a un mesías a su manera. ¿Quién como la bestia? – dirán ellos.

Se le permitió decir cosas arrogantes y ofensivas durante 42 meses, 3 años y medio que corresponden a la gran tribulación, contra Dios, el cielo (el tabernáculo celestial) y sus habitantes (Vv. 5,6). La mitad de una semana de años hace referencia a que el tiempo de este oscuro y malvado reino será breve. También se le permitió hacer guerra contra el pueblo santo y vencerlo, tal y como en Daniel 7:21. También se le dio poder sobre todo el mundo, sobre toda gente de toda tribu, pueblo, lengua y nación (v. 7).

Recibirá adoración del mundo, de todos los que no están escritos en el libro de la vida del Cordero (v. 8) quien fue inmolado desde el principio del mundo. Este pasaje algunos lo traducen (Dios Habla Hoy, por ejemplo) como diciendo que se perderán quienes no están escritos en la libro de la vida desde la fundación del mundo lo cual daría lugar a una predestinación para perdición, pero en su primera forma también tiene la dificultad de Jesús siendo sacrificado desde el comienzo de la historia y no en el tiempo postrero. Cuando Jesús habló del tema en Mateo 25 dijo que el reino está preparado para los de la derecha desde la creación del mundo (v. 34), pero cuando se refirió a los perdidos (v. 41) dijo que irían al lugar preparado para el diablo y sus ángeles. Pero en sí el punto es que se perderán todos aquellos que rechacen la gracia y ellos aceptarán adorar al enemigo (2 Ts. 2:10-12). En otras palabras, los santos escogidos no lo adorarán.

 La versión Reina Valera dice en el versículo 10 “Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.” Jeremías 15:2 dice “¿a dónde saldremos?… el que a muerte a muerte, el que a espada a espada, el que a hambre a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio”, esto era el decreto divino sobre el pueblo de Israel en juicios diversos, el destino que le tocaba a cada uno. En el tiempo de la bestia algunos serán llevados presos (cautivos) y otros estarán destinados a morir a espada. Allí se probará la paciencia y fidelidad del pueblo santo comenta Juan. Estas palabras animan a los creyentes de la gran tribulación a padecer aquello que Dios determinó que algunos de los elegidos tendrían que sufrir con determinación y valor. Sabiendo que no hay que temer a los que matan el cuerpo pero el alma no pueden matar.

El panorama parece de lo más desolador, de hecho desolador es otro de los nombres de este personaje, porque Satanás logrará su objetivo de gobernar sobre la tierra bajo este personaje, infundiendo terror, engañando al mundo para que se postren a él y sujetando a los únicos verdaderos elegidos para reinar al sufrimiento temporal. Pero todo es por un poco de tiempo y pronto lo que está determinado que suceda con este ser del mal se derramará sobre él. El término anticristo no se halla en Apocalipsis pero sí su sentido en un personaje y un sistema que quiere usurpar a Cristo y se opondrá a su reino, y a quienes lo representan en la tierra por un breve tiempo.