En contraste con la aparición de la bestia y su sello obligatorio aparece el cordero en el monte de Sion con sus sellados con el nombre del Padre y el Hijo (Ap. 14:1). El monte Sion es el lugar donde David estableció la ciudad de Jerusalén y luego su hijo Salomón edificó el templo, por lo cual llegó a conocerse como el centro religioso y político de Judá. En los profetas como Isaías el monte de Sion era concebido como el lugar del futuro reino del Mesías: “Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Is. 37:32). El monte de Sión es conocido en el Nuevo Testamento como sinónimo del cielo, la ciudad de Jerusalén la celestial (Heb. 12:22).

Cuando estudiamos el capítulo 7 decíamos que los 144,000 son judíos salvados o bien son la misma iglesia como el nuevo Israel. En Ap. 7:9 es la multitud de toda nación, lengua, tribu y nación que aparece ante el cordero, los cuales son los que han salido (o están saliendo) de la gran tribulación (Ap. 7:14); aquí son los 144,000 que fueron librados del mal hasta que fueron sellados como siervos del Señor (Ap. 7:3).

Del cielo se oyó el sonido de arpistas el cual era como una cascada, como un fuerte trueno (Ap. 14: 2). Los 144000 cantaban un cántico nuevo ante el trono, delante de los 4 seres vivientes y los ancianos. Se nos dice que “… Ninguno podía aprender aquel canto, sino solamente los ciento cuarenta y cuatro mil que fueron salvados de entre los de la tierra.” (Ap. 14:3). En Ap. 5 los ancianos cantaban un cántico nuevo en que alababan al cordero por redimir gente de toda lengua, tribu y nación para servirles como reyes y sacerdotes; en este caso, nadie más puede entonar esta canción porque solo ellos son portadores de la gracia experimentada.

Ahora bien, ¿qué significa que “fueron salvados de entre los de la tierra”? Primero podemos decir que fueron salvos del pecado, pero también fueron salvos de los juicios en tanto eran sellados (Ap. 7:3), pero sobre todo fueron salvados de la idolatría a la que será atrastrada la humanidad por el anticristo. El término que se usa es “redimidos” que significa comprar a un esclavo para hacerlo libre, esa redención es hecha con la sangre del cordero. Si los 144000 son judíos esto se refiere a una alabanza por ser los primeros en ser salvos en el periodo de la gran tribulación; si es la iglesia entonces podría referirse al arrebatamiento, pues aparecen en el cielo; una interpretación espiritual sería que los santos unidos a Cristo, los redimidos, le adoran en los lugares celestiales. En Ap. 7:9,10 los redimidos de todas las naciones cantan “la salvación viene de nuestro Dios… y del cordero”.

Más sobre la identidad de los 144, 000 redimidos

Juan nos da más detalles sobre la identidad de estos santos (Vv. 4,5).

  • Estos son vírgenes, pues no se contaminaron con mujeres. Poco tiene que ver si eran casados o solteros, más bien hace referencia a que no se contaminaron con la idolatría. En Ap. 2:14 hace referencia a Balaam quien incitó al pueblo a cometer inmoralidad sexual y ofrecer sacrificios a los ídolos, lo mismo hizo Jezabel (Ap. 2:20), y aquella gran ramera que es Babilonia (Ap. 17). Estos fueron fieles a Cristo el novio y no adoraron los ídolos falsos y mucho menos al Anticristo.
  • y siguen al cordero a donde va lo cual nos habla de su lealtad. Son verdaderos discípulos e imitadores de Cristo, son gente que se niega a sí mismo, toma su cruz cada día y le sigue.
  • Fueron salvados como las primicias (primera ofrenda) para Dios. Antiguamente las primicias eran llevadas al templo como muestra de agradecimiento, lo cual consagraba el resto y aseguraba el resto de la cosecha (Ex. 22:29, 23:19). Recordemos que en el Antiguo Testamento también se dedicaba y redimía al primogénito de los animales y de los hombres. Santiago 1:18 dice que Dios nos hizo nacer por la Palabra de verdad para ser las primicias de su creación, aquí la utilización del término primicia no es en sí lo primero sino lo mejor y apartado para Dios, lo que se le da a él. Tal y como Israel era santo, y primicia entre los pueblos de la tierra (Jer. 2:3); la iglesia también es primicia consagrada al Señor.
  • Son intachables y sinceros. No se halló mentira en ellos, son honestos ante el mundo y ante Dios.

La salvación final de los santos se anticipa, está asegurada sobre el mundo y Satanás. Es el cordero que los compra para sí y los libra del mal terrenal para llevarlos a su patria y que le sirvan por siempre. Ellos han sido fieles, santos y sin mancha mientras peregrinaron aquí abajo y por ello vencieron a la bestia, por ello hay alabanza en sus labios.