Atrás quedó aquella época en que se esclavizaban personas y se les vendía como mercancía, y la época de la sujeción directa a las naciones más poderosas, pero ¿somos libres hoy verdaderamente? Sin dudas hay muchas cosas que nos oprimen, desde un gobierno injusto, ricos que se enriquecen a costa de los pobres y campesinos, enfermedades como el covid, opresiones religiosas y espirituales, falta de oportunidades, problemas en el hogar, etc.

El hombre necesita libertad. Si los animales que están amarrados o en una jaula desfallecen a causa de la imposibilidad para moverse con libertad en el campo cuánto más los seres humanos creados con dignidad y hechos a su imagen y semejanza de Dios. El Señor es el ser más libre en tanto que él no depende de nada ni de nadie para ser y existir, pero aunque el hombre depende del aliento de vida lo primero que hizo Dios fue regalarle el libre albedrío. No hizo robots que obedecieran ciegamente, los puso en el huerto y le dio oportunidad de elegir la vida o la muerte. Al no elegir a Dios escogieron lo efímero que les ofrecía el mundo y al hacerlo se han introducido la maldición del muerte, enfermedad, el trabajo fatigoso, etc. Se puede decir entonces que las esclavitudes fueron la consecuencia desafortunada de la mala elección humana.

Necesidad de liberación constante

El ser humano tiende a caer en prisiones y esclavismos autoimpuestos por sus pensamientos y conductas, pero también por su egoísmo y maldad a imponer cargas y oprimir al prójimo. El poder y las riquezas suelen sustentarse en el sufrimiento de otros y a su vez estos recursos sirven para seguir perpetuando la explotación de otros. Al caer las naciones en estados degradados fruto de su injusticia el Dios bondadoso quiso levantar un pueblo libre verdaderamente.

Las Escrituras dicen que su pueblo cayó en esclavitud por el déspota faraón: “Con el correr del tiempo, el rey de Egipto murió. Los israelitas, sin embargo, seguían quejándose y lamentando su esclavitud. Entonces Dios escuchó sus lamentos” (Ex. 2:23). Dios les mostró misericordia y los sacó a abundancia del duro maltrato y opresión. Semejante pobreza y esclavitud les imposibilitaba poder liberarse de sus adversarios y solo el creador era el único al que ellos podían clamar. Mientras los dioses del faraón eran los dioses del poder opresor, el Dios de la misericordia vio al afligido para defenderlo.

Dios exigió a los judíos practicar su ley que era hacer con los demás como él hizo con ellos. No podían tomar a un hermano judío como esclavo sino solo como criado a lo sumo por seis años y en el séptimo liberarlos (Ex. 21). Lev 25:10 “El año cincuenta lo declararán ustedes año santo: será un año de liberación, y en él anunciarán libertad para todos los habitantes del país. Todo hombre volverá al seno de su familia y a la posesión de sus tierras.” Vivir en libertad para ellos era gozar de las bendiciones de Dios en la nueva tierra sin dejar de ser ellos mismos libertadores de sus hermanos que por problemas o deudas se esclavizaban. 

La avaricia, el egoísmo y la falta de temor de Dios los llevó a faltarle al Señor y al prójimo. Dios les dijo que si desobedecían volverían a ser esclavos, por lo que, por 400 años (del 1400 al 1000 a.C. apr.) experimentaron la opresión de los adversarios: los filisteos, amonitas y madianitas los invadieron y los oprimieron con impuestos y despojos. El Dios libertador les levantó a Gedeón, a Sansón y a muchos otros jueces que los llevaban a la liberación. La libertad debía ser preservada haciendo bien al prójimo, pero aún haciendo el mal Dios era tan bueno con ellos que les libraba levantando a algún caudillo. El ciclo de pecado- opresión- arrepentimiento- liberación se dio una y otra vez.

Practicar la ley les mantendría en libertad interna, les daría poder para vencer a sus adversarios. Libertad es la capacidad de poder desarrollarse, de poder alabar y servir a Dios y al prójimo. Jehová dijo al faraón a través de Moisés “deja ir a mi pueblo para que me adore”. La libertad no es la de Eva quien tomó del fruto prohibido sino que sin impedimentos podamos servir al Dios vivo. Bajo opresión no hay alimento, comida, no hay paz, no hay dinero, no hay salud, no hay gozo.

El problema número 1 que los llevaba a caer bajo opresión del enemigo fue la desobediencia o pecado a los mandamientos incluyendo la idolatría y el quebrantamiento de las leyes sociales. Veamos el profeta Isaías. No podemos tener libertad si tenemos ceremonias religiosas o cultos pero no amor al prójimo. Dios les dijo que aborrecía sus sacrificios, fiestas y cultos, y les dijo: Isa 1:17  “aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.” Más adelante les reprochó:

 “¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores.”… ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”  

(Is. 58:3, 6,7)

Al caer en desobediencia fueron al exilio, al cautiverio porque no habían dejado libre a los esclavos (Jer. 35). Allí se anuncia la venida del Mesías para liberar a su pueblo Isa 61:1  “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;”.

Una libertad verdadera

Cuando llegó Jesús, Israel estaba oprimido por Roma, por sus altos impuestos no había paz ni libertad, había mucha pobreza y opresión. En lo religioso la gente estaba oprimida por el legalismo de los fariseos, había muchos enfermos y oprimidos por Satanás. ¿Cómo liberó Jesús a las personas? En Lucas 4 luego que Jesús anunciara el cumplimiento de Isaías 61 no quiso hacer milagros ahí por su incredulidad, pero en el mismo capítulo Jesús liberó a un endemoniado, sanó a muchos enfermos y predicó acerca del reino en la sinagoga.

No atacó a Roma como lo hicieron los antiguos jueces o David pero sí liberó a quienes eran afligidos por el diablo y por la maldición del pecado. La razón es que de haberlos liberado del mal físico volverían a sus mismas actitudes, por lo que primero requerían de una liberación espiritual. También anunció que pronto llegaría el tiempo de la total liberación de los males de esta tierra en su reino. Mat 4:23  dice: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” 

¿De qué más liberó Jesús a las personas? del legalismo y de la ley de Moisés bajo la que vivían atados por los escribas y fariseos. En Mat. 11:28, 29 Jesús invitó a la gente: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” La ley y el yugo de los ancianos de Israel se convirtió en yugo y atadura para ellos. De este modo él vino a traer libertad de aquellos que no eran buenos pastores para su pueblo, sino que los maltrataban y oprimían, como eran los líderes religiosos. Mucha gente considera que la religión es un lastre creado por el hombre para someter a otros, más el yugo de Cristo es libertador. Jesús entró con azote de cuerdas para sacar cambistas y animales del templo; fue la única vez que usó de la fuerza, en el celo de que la gente pudiera acercarse a Dios, y esto hará con toda religión que oprime.

Pero fueron sus palabras las que podían traer verdadera libertad a lo profundo del alma humana. Así que enseñó a sus seguidores “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Jn. 8:31,32). “Los judíos no entendieron y alegaron “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” lo cual no era cierto pues antes fueron esclavos, pero Jesús replicó que “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” Por tanto, la verdad de la Palabra nos lleva a ser libres del pecado, la mentira ata y nos esclaviza al pecado y a Satanás, a los malos deseos de la carne y esto a su vez genera otra serie de males.

Tener religión no es garantía de ser libres en verdad y de practicar la verdadera libertad. La libertad no es hacer lo que yo quiera sino hacer lo que debo hacer.

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”

Ro. 6:12,13

 Así que el hecho de que estamos en otro régimen, el del Espíritu nos da el poder para vencer el mal en nosotros y para servir a la justicia lo cual implica hacer el bien a los demás. En otras palabras la libertad interna por el Espíritu Santo quien nos da poder para poder vencer la tiranía de nuestros malos deseos. Pablo nos exhorta “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gá. 5:1) El contexto se refiere a no sujetarse a los débiles rudimentos de la ley sino a vivir bajo el poder del Espíritu para así permanecer en libertad. La verdad es que no importan los regímenes humanos, sus leyes y normas para la buena convivencia, lo que hará que la gente haga el bien y permanezca en libertad, sino la permanencia en un poder superior.

Es importante mostrar también que los apóstoles no buscaron una liberación inmediata de los esclavos sino que enseñaron que se puede ser libre en toda condición humana. A los amos les dijeron que trataran bien a los siervos y a los esclavos que sirvieran a sus jefes como al Señor. Pablo dijo “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” (Gá. 5:13) La libertad no es para hacer lo que yo quiera sino que es una oportunidad para hacer el bien al prójimo. Así Jesús enseñó que la grandeza está en el servicio. Lavó los pies de sus discípulos como el esclavo más bajo siendo él mismo digno de toda la gloria, y enseñó a sus discípulos a hacer lo mismo. El hombre libre en Cristo puede servir por amor aún en una cárcel o en el trabajo más bajo de la sociedad. Lo anterior no implica que aquellos que son libres no deban procurar el mejor bien para los demás, las mejores condiciones, el mejor trato, un mejor salario.

Conclusión

Dios nos llama a nosotros a vivir en libertad y permanecer en ella. Si hay algo que te oprime en lo físico, en lo mental o emocional, en lo relacional o laboral ponte en las manos del libertador que es tu Salvador Jesucristo. Si tú eres libre practica el amor, sirve al prójimo rompe las ligaduras de opresión de otros, predica el evangelio, ora por los enfermos, visita a huérfanos y viudas, lleva pan al pobre y al hambriento. Sobre todo tengamos la esperanza que el libertador pronto vendrá a librarnos de la muerte, y del mal de este mundo para llevarnos con él para siempre.