Luego que el Señor contó las parábolas del capítulo 13 el Señor les preguntó si habían entendido estas cosas, y ellos les respondieron que sí (Mt. 13:51). Esto es realmente asombroso porque a lo largo de la historia estas parábolas han recibido diferentes interpretaciones, a veces contradictorias. Al principio los discípulos no entendían, pero como Jesús lo dijo en el capítulo Dios se complace en revelarles sus verdades a los pequeños. Si Jesús preguntó si habían entendido podemos suponer que de no haberlo hecho él hubiese estado dispuesto a explicárselos, pero con la ayuda del maestro su comprensión se amplió en cuanto a la verdad del reino de Cristo pues cuando no entendieron un par de esas parábolas se las explicó.

Ante esta respuesta Jesús dijo “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mt. 13:52). Los escribas eran los maestros de la ley. No solo eran quienes transcribían las Escrituras sino los expertos en la ley del Antiguo Testamento. Refiriéndose a ellos, Jesús dijo que un escriba instruido en el reino de los cielos es como un padre de familia, el dueño de una casa que saca de su tesoro, de las cosas que tiene guardadas, cosas viejas y nuevas. En una misma casa pueden coexistir cosas viejas y nuevas, hay cosas viejas que no deben ser tirados por su valor sentimental, el valor económico o porque todavía sirven. Hay cosas nuevas que se requieren para sustituir algunas cosas viejas, para mejorarlas o porque estas nuevas son útiles y necesarias en el hogar.

Un maestro de la ley instruido conservaba la verdad eterna escondida en ella y su belleza, pero al recibir la nueva revelación acerca del reino por medio de las parábolas ahora atesora estas nuevas verdades que vienen por medio del Profeta enviado por Dios (Dt. 18) a quien ellos debían oír, Jesús.

En realidad cuando uno lee el Antiguo Testamento no hay una escatología muy clara. Los profetas hablaron del mesías, de cómo sería Israel en la llegada del reino pero ellos esperaban un cumplimiento inmediato no en el reino como una semilla de mostaza, por ejemplo. Cristo trajo más claridad, no solo en la interpretación sino en la revelación de cómo se daría el reino anhelado.

Pero como dijimos, no todos los escribas y los fariseos quisieron oír y creer. No todos quisieron ser instruidos por Jesús como rabí, pero algunos sí, por la gracia de Dios. Ahí tenemos al apóstol Pablo que antes de ser creyente fue un fariseo. Al convertirse escribió sus cartas donde el refleja la prudencia y la valoración de ambas verdades, tanto las viejas cosas como las nuevas. Al escribir por ello usa las Escrituras del Antiguo Testamento y habla tanto de la primera venida como de la segunda de Jesús como el cumplimiento profético de la ley de Moisés y los demás profetas. Sobre todo Pablo introduce la verdad de la realidad del reino por medio de la iglesia en espera de la llegada visible del reino en Cristo mientras realizamos la misión en el mundo.

Los que tenemos el Nuevo Testamento tenemos un tesoro nuevo en el cual debemos instruirnos, pero no debemos desechar el Antiguo sino recurrir a una sana interpretación a través de la verdad de Jesús que nos reveló en sus parábolas, en su vida y obra. De este modo podremos tener una instrucción completa para así poder enseñar verdad a otras personas.

 “para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. Col. 2:2,3