Al reiniciar un nuevo mundo se requería de un nuevo pacto que relacionase al creador, a sus criaturas y el mundo en general. Este pacto tiene alcances universales y permanentes hasta el fin del mundo. Ante una nueva realidad Dios actualiza el pacto con Adán a quien encomendó la tierra (Gén. 1,2).

Al salir Noé del arca edificó un altar al Señor y para ello tomó animales y aves puros, y los ofreció en holocausto, una ofrenda quemada por completo a Dios en acción de gracias por la salvación que les había dado (8:20). Es la primera vez luego de la ofrenda de Abel (Gén. 4) que se relata de un sacrificio agradable al Señor que daría como inicio a una nueva relación humana con el Creador. Es probable que como indica que como indica Hebreos 10:18 el pacto requería ser instituido bajo sangre como lo fue el pacto mosaico y el nuevo pacto. Al percibir el Señor el olor tan agradable de esta adoración Dios prometió dos cosas:

  1. no volver más a maldecir la tierra (heb. adama) por la culpa del hombre (heb. adam), ni tampoco destruir a los animales aunque el hombre solo piensa en hacer el mal desde la juventud (8:21). Pese a la maldad humana Dios no aplicaría más un juicio universal hasta el fin del mundo.
  2. Dios también prometió un mundo en el que habría un ciclo continuo de siembra y cosecha, calor y frío, invierno y verano, noches y días (22). Esto asegura la estabilidad en la tierra, no catástrofes extraordinarias, sino el orden continuo de los ciclos y la permanencia de las leyes naturales que la causan.

Bendición de fructificación

La bendición declarada por Dios para su familia fue para fructificar y multiplicarse (9:1) llenando de nuevo la tierra. Esta es la repetición de la bendición y orden dada a los animales y a Adán y Eva en Génesis 1:22, 28. Para los judíos y los antiguos poder procrear era una de las más grandes bendiciones para hacer que la vida pudiese permanecer en el mundo. El mismo Dios que hace que las leyes naturales existan también hace que la vida no termine, con ayuda de sus criaturas.

Regulación de la muerte animal

Hay un cambio en la relación con los animales: Antes del diluvio el ser humano no tenía permiso divino para comer animales como leemos en Génesis 2, luego de esta catástrofe los animales terrestres, aéreos y acuáticos empezaron a tener miedo al hombre (9:2), al ser puestos en sus manos. El miedo sería en ellos un instinto de preservación. Esto conectado con la bendición de la multiplicación implicaría que aunque el hombre podía disponer de ellos no debía tampoco destruir las especies como lo mostró la orden de salvación de ellos en el arca.

Dios les dio animales que se mueven y viven, y plantas para comer (9:3) pero debían derramar la sangre, no comerla (9:4), porque en la sangre estaba la vida, y la vida pertenece a Dios. Más adelante (Levítico) se indica qué tipo de animales podían comer relacionados con lo puro y se reafirma la ley de derramamiento de sangre no solo para evitar la relación con ritos paganos como también el posible canibalismo.

La santidad de la vida humana

Dios demandará la sangre derramada por animales u hombres contra un ser humano (9:5). Esta diferenciación entre el valor de la vida humana y la animal es puesto que el hombre es hecho a imagen de Dios. Dios estableció que quien derramara sangre en asesinato por el hombre su sangre sería derramada, con esto estableció un orden civil adecuado para vengar la vida humana que es sagrada (6). Más bien el hombre debía procrear en abundancia para llenar la tierra (7).

El hombre ni los animales tienen derecho de acabar con la vida de otro ser humano como había sucedido antes del diluvio donde la violencia aumentó en extremo. Por tanto, estableció el pago de la vida humana con otra vida.

Los sujetos del pacto:

El Señor hizo un pacto con Noé y sus hijos (9:8), también con su descendencia (9:9), la cual hoy habita en todo el planeta y nos incluye. También su pacto fue hecho con todo ser viviente, es decir con los animales que salieron del arca y sus descendientes (9:10). En este sentido es universal. El deseo de Dios es conceder vida a toda su creación incluyendo a todo ser vivo. El creador quiere preservar su creación y vela por ellos. Si bien los animales no tienen conciencia son tratados como seres dignos de su cuidado.

la señal del pacto

Dios hizo un compromiso de no exterminar más toda carne con diluvio de aguas (11). Su señal del pacto perpetuo con la tierra fue el arcoíris en las nubes que se dejaría ver cuando viniesen las nubes. En cada lluvia el arcoiris señala al hombre que Dios no destruirá al mundo con aguas. Dios se acordaría de su pacto realizado y no destruiría la tierra con aguas (12-17). La señal del pacto mosaico es el sábado y la señal del nuevo pacto es el bautismo. Este arcoiris es la muestra de benevolencia del creador. De esto aprendemos que a Dios no le place la muerte o la destrucción, sino bendecir a su creación.

También se reafirma la fidelidad de Dios y su sabiduría en tratar la maldad del hombre conteniendo la violencia y el asesinato mediante el gobierno humano. Este pacto tiene implicaciones ecológicas importantes pero también sociales en cuanto a que Dios desea preservar la vida humana y animal pero también nosotros debemos hacer nuestra parte. Si la maldad humana llevó a la destrucción del planeta, la bondad y fidelidad divina son expresadas diariamente sobre los seres vivos.

En Ap. 4:3 un arcoiris rodea al que rodea el trono de Dios dentro de la visión de la apertura de los sellos que terminarán con este orden y dará comienzo al nuevo. 2 Pedro 3:7 indica que los cielos y la tierra que ahora existen están reservados para ser destruidos por el fuego, ya no por el agua. Cuando esto llegue entonces se inaugurará el nuevo cielo y la nueva tierra en la que mora la justicia.