Los cristianos solteros tienen la libertad de casarse con quien quieran con tal que sea en el Señor (1 Co. 7:39). Muchos jóvenes se ponen de novios y se casan con incrédulos no tomando en cuenta esta norma bíblica tal vez por falta de enseñanza, porque dan prioridad al enamoramiento romántico como algo idealizado (“donde manda el corazón…” ¿no gobierna Cristo?), otros porque dicen que en la iglesia no hay personas que les gusten y aún otros más lamentablemente porque entablan relaciones sexuales previas al matrimonio y se ven comprometidos a casarse con esa persona.

Pero, ¿por qué no debería casarse con un incrédulo si le ama y es buena persona? Para Dios el amor romántico es insuficiente porque ese amor puede estar sustentado en la atracción sexual, en la emoción, en la apariencia, pero si está sostenida por una correcta relación con Dios incluirá un amor sacrificial como el de Cristo necesario en el matrimonio. Ser buena persona es relativo porque Dios no enviará a malas personas al infierno pero sí a pecadores y a su juicio todos han pecado, pero si reciben el regalo de la vida eterna serán salvos, así que quienes a pesar de que se les ha presentado el evangelio no reciben al Señor no son buenas personas. Apocalipsis 21:8 indica que los cobardes e incrédulos tendrán su parte en el lago de fuego.

Pablo quiere decir (1 Co. 7:39) que podemos casarnos con quien nos guste independientemente de su apariencia, estatus social, escolaridad o nacionalidad pero no fuera del Señor. El creyente ahora está en la esfera del Señor, por ello todo lo que haga debe hacerse en él, esto incluye la relación íntima del matrimonio con alguien que también esté en unión a Él. Alguien que le acerque más a él, alguien en quien se cumpla (1 Co. 11:3) “… Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer…”. Un matrimonio donde ambos se sujeten a Dios, pero donde el hombre se sujete a Cristo y la mujer se sujete a él a través de su marido. Esta relación es imposible de darse con un incrédulo y más cuando dicha persona rechaza el señorío de Cristo, y por tanto su autoridad tácita es el diablo (Jn. 8:44).

El matrimonio es una unión profunda de alma y cuerpo para andar juntos hasta que la muerte los separe. Gén 2:24 “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Esta unión requiere:

  • Estar acuerdo (Am. 3:3). Deben estar de acuerdo a quien servir, como Josué deben elegir servir en familia a Jehová y no a los ídolos (Jos. 24:15).
  • Una casa dividida contra sí misma cae (Lc. 11:17). La división puede darse en la familia por causa de la fe en Cristo (Lc. 12:53) “estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, …”, entonces se llega que los enemigos son los de su casa (Mi. 7:3). Si hay una división interna no se puede servir a Dios con libertad y esto divide la lealtad de los hijos. Incluso aquellos que dicen no estar contra Cristo “el que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mt. 12:30).
  • El matrimonio debe ser una unión entre iguales para que haya comunión y compañerismo en Cristo. 2 Co 6:14 “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” Al no haber unión entre luz y tinieblas habrá conflicto. Podemos pensar que la luz vence las tinieblas, pero también lo sucio puede contaminar lo limpio. Una unidad no se puede dar entre dos cosas o personas dispares.

El pueblo de Dios Israel tenía como costumbre los matrimonios entre personas israelitas para poder conservar su fe. Los patriarcas al ver que no había mujeres para casar a sus hijos tuvieron que mandar a buscar esposas a su tierra original.

  1. Abraham hizo jurar a su siervo que no tomaría esposa para Isaac de las hijas de los cananeos, sino que iría a su tierra y a su parentela a tomar esposa (Gen. 24:3,4)
  2. Rebeca le encomendó a Jacob no casarse con las hititas como lo hizo Esaú, pues estaba fastidiada de ellas (Gén. 27:46). Le dijeron a Jacob “no tomarás mujer de las hijas de Canaán” (Gén. 28:6)
  3. La ley ordenaba no hacer alianza con los pueblos paganos para evitar fornicar en pos de sus dioses por medio de matrimonios (Ex. 34:11-16). No debían emparentar con ellos porque se desviarían de Dios y el Señor los castigaría (Dt. 7:1-5).
  4. Sansón se enamoró de una filistea y sus padres le dijeron “¿no hay mujer entre las hijas de tus hermanos en todo nuestro pueblo, para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos incircuncisos?” (Jue. 14:3). Sansón desobedeció y los filisteos le pusieron trampas para matarlo, luego Dalila lo entregó a los enemigos.
  5. Salomón se casó con la hija del faraón, con mujeres moabitas, edomitas, moabitas, sidonias y heteas que desviaron su corazón a adorar ídolos, buscando agradar a sus esposas les permitió tener sus propios lugares de culto y Dios lo desechó (1 R. 11)
  6. Luego de regresar de la deportación a Babilonia Nehemías amonestó, riñó, maldijo e hirió a varios judíos que se casaron con mujeres de Asdod, amonitas y moabitas pues la ley decía que no debían casarse con mujeres extranjeras (Neh. 13:23-27)

Sin embargo, dentro de la historia judía hubieron personas que se casaron con extranjeras por ciertas razones y bajo ciertas condiciones.

  • Rut. Los hijos de Noemí se casaron con moabitas y murieron en Moab. Orfa volvió a su pueblo y sus dioses, Rut siguió a su suegra y dijo: “… tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rut 1:15,16). Ella experimentó esta conversión antes de casarse con Booz antepasado de David y Jesús.
  • Moisés se casó con una madianita (Ex. 2:21), pero Reuel padre de Séfora era sacerdote de Jehová (Ex. 2:16), antepasado de Abraham. Moisés fue criticado por sus hermanos por casarse con una mujer cusita, es posible que se tratara de la misma Séfora o de otra esposa al quedar viudo, entendemos que esta era una mujer convertida de los pueblos que habían salido con ellos de Egipto.
  •  José: Este joven fue casado por el faraón con Asenat hija del sacerdote pagano (Gén. 41:45). Él no eligió casarse con ella, sino que se le dio como parte de su nuevo alto cargo.
  • Ester: Esta joven fue llevada al palacio al harén, al parecer a la fuerza (Est. 2:8) y al llegar ahí llego a ser agradable a ojos del rey y fue elegida por él para ser la princesa

Por tanto, los cristianos deben buscar casarse con otro cristiano de no hacerlo se enfrentarán a una situación de desigualdad espiritual y al peligro de ser arrastrado a la incredulidad o apartarse de la fe. Los paganos pueden convertirse como Rut. En caso de ser casados fuera de la voluntad personal como José y Ester debemos influir con espíritu de mansedumbre y amor para buscar la conversión de dicha persona.

Cuando un hombre o mujer se convierten y su pareja aún no es cristiana no debe considerar que su relación es impura, sino que está santificada (1 Co. 7:13-16), pero Pablo dice que, si el incrédulo quiere permanecer en la relación que no se separe, pero si dicha persona quiere separarse que lo haga. Entonces, ¿podríamos casarnos con un no creyente si este consiente soportar nuestra fe? La situación es que, aunque la persona consienta en vivir, ambos tendrán que soportar sus diferencias. Es probable que algunos digan que no impedirán la fe del otro pero que solo sea por agradar y convencer a la persona en el noviazgo, por ello debe platicarse bien la cuestión de las creencias, las prácticas de la persona y de su familia paterna. Debe observarse que el novio tenga una genuina conversión para que entonces la unión se pueda dar. Es posible que la persona se convierta en el futuro, pero esto no es seguro.

Si bien el matrimonio cristiano no está exento de problemas y dificultades, aflicción de la carne (1 Co. 7:28), es mucho más difícil vivir un yugo desigual. Uno va hacia un lado y el otro a otro, uno tiene un nivel espiritual y el otro no, uno ora y lee la Biblia, el otro no, uno va los fines de semana al templo, o entre semana y el otro no. Uno va hacia el cielo, otro hacia el infierno; uno se rige por la carne; otro por el Espíritu, uno sirve a Cristo el otro a sí mismo; uno educará a los hijos en la fe, el otro no tendrá idea de ello o será contrario a ella; uno remará contra la corriente, el otro no remará o remará en favor de la corriente. Por tanto, la cuestión de la fe no es una cuestión menor sino de gran trascendencia dentro del proyecto de vida cristiano que debe procurar la vida y la familia santa.

El periodo del noviazgo debería dar pauta para presentar la fe al incrédulo y de ser necesario tomar la difícil decisión de separarse de esa persona, lo más preferible sería ni siquiera entrar en noviazgo con un no creyente. De tomarse la decisión de casarse con esa persona debe asumirse las consecuencias y considerar que se cae en una desobediencia al Señor.