Juan vio siete ángeles con las últimas calamidades con las que llegaba a su fin la ira de Dios (Ap. 15:1). La ira del cordero fue anunciada desde la apertura del sexto sello cuando la gente quiso ocultarse de su presencia (Ap. 6:16,17), y en Ap. 11:18 al toque de la séptima trompeta es vuelto a mencionar la llegada de la ira de Dios por dar muerte a los santos, ahora con las últimas siete copas llegamos a la consumación de la ira divina.

Canto de victoria

Junto al mar de cristal mezclado con fuego estaban los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen y su número que estaban con arpas que se les había dado(Ap. 15:2). Este mar de vidrio aparece frente al trono en Ap. 4:6, en una forma reluciente y bella. Tal y como los israelitas cuando cruzaron el mar Rojo dejando a los egipcios hundidos, aquí también están estos salvos celebrando la victoria. Estos son los que pasaron por la tribulación y no negaron a Cristo, son los mismos que aparecen en Ap. 7:9-17 aparecen con palmas en las manos cantando y también al parecer son los mismos que cantan en Ap. 14:2,3. Ellos cantaban el cántico de Moisés (Ex. 15) y el canto del cordero, porque grande y maravilloso es lo que Dios hizo, y sus caminos son rectos y verdaderos (Ap. 15:3). Todas las naciones vendrán y lo adorarán porque sus juicios se han manifestado (Ap. 15:4).  La iglesia perseguida adorará a Dios por el juicio que ha llegado pero el mundo entero al final reconocerá la justicia de Dios. En Apocalipsis las naciones aparecen sometidas al anticristo (Ap. 13), pero al final, en medio de todas ellas habrán salvados de en medio de ellas (Ap. 21:24).

Esta es la alabanza de los salvados, de los que fueron quitados del momento de la ira, “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:9)

Ángeles que salen con las copas del templo

En el cielo se abrió el santuario, la tienda de la alianza (Ap. 15:5) del cual salieron siete ángeles que llevaban siete calamidades. Estaban vestidos de lino limpio y brillante, con cinturones de oro en el pecho (Ap. 15:6). Es decir, vestidos como sacerdotes del templo. Recordemos que el tabernáculo de Moisés tenía la forma del templo celestial (Ex. 25:8,9), el lugar en que Dios habita, pero allí no ministran hombres sino ángeles. Ahora bien, en el templo se ejecutaban animales inocentes para la expiación del pueblo, pero de la misma forma enseña que de no haber arrepentimiento ni sacrificio el juicio se hará sobre los culpables y la muerte saldrá del templo.

Los cuatro seres vivientes les dieron sietes copas llenas de la ira de Dios (Ap. 15:7). Mientras que el versículo 6 dice que los ángeles traían las plagas ahora se nos dice que las copas les fueron impartidas por los seres vivientes, esto implica que los ángeles tenían la potestad designada por Cristo para ejecutar el justo juicio divino. También hay que observar que las plagas postreras tienen un parecido muy grande con las plagas que recibió el faraón por mano de Moisés.

El santuario se llenó de humo procedente de la grandeza y poder de Dios, nadie podía entrar hasta que se derramasen las siete postreras plagas (Ap. 15:8). Esto se refiere al poder de la gloria que se manifestará para derramar su ira. Al igual que cuando la gloria de Dios se manifestó en el templo de Salomón en forma de huma, también ahora, pero esta vez no para bendición sino la ira temible del Señor.