El individualismo causado por la condición capitalista de las ciudades modernas presenta un reto grande para el cristianismo puesto que esta se desarrolla en base a valores corporativos como la unidad, el amor y el compañerismo esto lleva a que la iglesia se individualice o que se haga irrelevante o incapaz de impactar a nuestra sociedad ¿Cómo nos afecta esta realidad y cómo podemos afrontar este problema?

La cuestión del individualismo como valor preponderante en la cultura moderna capitalista contrasta grandemente con la vida comunitaria de los pueblos antiguos. La teoría sociológica nos muestra que los cambios económicos históricos han ocasionado formas de organización diferentes (Castells, s.f., p. 22), por ejemplo, la industrialización llevó a una especialización y división del trabajo. Esto de por sí generó una forma de convivencia laboral distinta a la del pasado donde se heredaba el trabajo paterno de generación a generación, ahora uno debía elegir el trabajo en base a las habilidades y preparación personal.  Castells (s.f.) indica que la organización espacial en ciudades también genera una forma de organización social que tiende al distanciamiento “la valorización de la familia nuclear, la importancia de la mass media… y la dominación de la ideología individualista, cooperan en la atomización de las relaciones sociales, la diversificación de intereses,…” (p. 32).

Respecto a los aspectos mentales y sociológicos que genera la vida urbana Cedeño (2009) nos dice que las relaciones múltiples que se dan en la ciudad poseen un “carácter de extrañamiento, superficialidad y transitoriedad” (p. 3). Es decir, en la ciudad no podemos profundizar en las relaciones y todo es transitorio, esto nos impide hacer compromisos y tener apegos emocionales fuertes. Esa actitud de proximidad y distanciamiento es la actitud blasé y la reserva, “… es una individualidad excepcional que acumula y particulariza esas experiencias urbanas” (p. 6).

Sin duda que la individualidad es parte de la existencia atemporal pero que ha adquirido un significado supremo en estos tiempos. Simmel (2005) nos enseña que en respuesta al poder avasallador de la vida urbana que tiende a devorar la subjetividad el hombre reacciona afianzándola (p. 2) y avocándose a lo intelectual y a lo monetario antes que a lo emocional. Para entender esa indiferencia y extrañeza al otro tenemos que entender que en la ciudad no podemos interrelacionarnos con todos y esto lleva a casi no relacionarnos con nada sino ver a los demás como un número y ver a los demás como gente que nos es útil, pero hasta ahí nada más. De este modo nos volvemos antipáticos.

De cierta forma no todo es negativo porque esa antipatía protege nuestra libertad individual. Mientras que en la edad media se restringía la independencia y la diferenciación individual (Simmel, 2005, p. 6) ahora no es así. Al mismo tiempo perdemos la protección del grupo, la unidad y la identidad que nos da esa interrelación.

De alguna forma para poder adquirir un sentido de valor personal en esta vida moderna se nos llama a conocernos, determinar lo que queremos, alcanzar nuestras metas, reconocer nuestra individualidad. Irónicamente la vida moderna no nos da oportunidad para eso porque todo lo encapsula en formas de trabajo y de economías restrictivas, por tanto, el individualismo y la libertad se convierten en una mera ilusión.

Joâo Batista (1996) dice que el rasgo más importante de la modernidad es la centralidad del individuo y esto se muestra negativamente en la insaciable búsqueda del consumismo, la permisividad y el relativismo (p. 114). Podemos notar que esto se origina desde la demanda propia del mercado y su oferta. Demandan creatividad, premian el emprendimiento, engrandecen los logros personales y la competencia, etc. Batista (1996) señala lo negativo y lo positivo del asunto: en lo negativo tendemos al relativismo y a la falta de solidaridad, nos volvemos narcisistas y ególatras; en lo positivo reconocemos nuestra valía, dignidad y solidaridad (pp. 115, 116).

Por su parte Jorge Costadoat (2004) menciona que la reforma luterana con el énfasis en el libre examen se ha convertido en una de las características de la sociedad individualista actual que ya no solo abarca a una iglesia sino a casi todo el mundo. El valor de la conciencia y la razón personal se han exaltado hasta niveles no muy agradables donde ya no importa mucho la sola Escritura y se cae en subjetivismo enfermizo.

Desafíos a la vida comunitaria eclesiástica

Batista (1996) aborda el tema de los desafíos pastorales que trae el individualismo, en especial al catolicismo. En lo espacial señala las distancias y la perdida de la centralidad del templo en las ciudades quedando relegada a una cosa más que hacer. En lo temporal dice que las personas pasan mucho tiempo en el ocio y tienden más a la búsqueda del placer y al deseo de llenar sus necesidades cosa que la iglesia católica no ha podido abordar como los pentecostales (p. 118). Para llenar este vacío innumerables iglesias posmodernas se enfocan en el individuo, en la necesidad del cliente lo cual muchas veces es en detrimento de una sólida enseñanza. Esto produce un cambio teológico hacia el énfasis en el amor y el gozo, pero no tanto en la justicia y la santidad por verse más restrictivo y “religioso”.

Otro reto señalado por Batista es el utilitarismo. Nuestra sociedad se enfoca más en lo práctico y lo útil, así que menospreciarán discursos demasiado complejos y teológicos, por tanto, demandarán que la iglesia les ayude y desarrolle ministerios específicos. Dentro de esta cultura individualista la gente también tiende a preferir un estilo más democrático y preferir la excelencia en todo lo que se hace. La vida en la ciudad también nos llama a tener una perspectiva más abierta a la sociedad y a otras expresiones de fe.

Ahora bien, respecto a la labor eclesiástica, esta es imposible concebirla desde el ámbito individual únicamente. Tal como lo desarrolla Gil Arbiol (s.f.) la ekklesía es concebida por el apóstol Pablo más que como un ámbito doméstico o individual a uno comunitario (p. 286). Siguiendo la doctrina paulina la iglesia es concebida como un cuerpo (1 Co. 12:27) donde cada uno es miembro de los otros, también como una casa (Oikos) y el templo. Pablo usa el término ekklesía en sentido teológico como el horizonte e identidad de los creyentes y la familia como el ámbito social/ familiar donde las personas se desarrollan (p. 288).

La iglesia primitiva como cuerpo llevaba a cabo comidas comunitarias donde se ponía de manifiesto una asociación voluntaria pero necesariamente revelada. También la regulación del matrimonio, la resolución de conflictos sociales y acceso al grupo, e incluso la expulsión de los pecadores graves donde lo público prevalece sobre lo privado son demostración de la vida comunitaria de la iglesia en las casas /familia, dispersadas en la ciudad y en los pueblos.

Hemos de señalar que a diferencia del catolicismo donde las personas desde que nacen ya son incluidas en la vida comunitaria mediante el bautismo los evangélicos tendemos a valorar la decisión personal de la persona, y esto es algo positivo ya que en la Biblia vemos que hay llamados personales a la conversión, pero muchas veces pasamos por alto los llamados a una conversión comunitaria (cartas paulinas, las 7 iglesias, etc.).

Tomando como base las 5 áreas de trabajo como son el servicio, la adoración, el evangelismo, el discipulado y la comunión que la iglesia debe llevar a cabo por basarse en mandamientos neotestamentarios y modelados por la iglesia primitiva (Hch. 2), podemos ver que hay un equilibrio entre lo comunitario y lo individual. Veamos algunos ejemplos:

  • Pablo hace un llamado a vivir en unidad, pero reconociendo los dones particulares de cada miembro (Ef. 4, 1 Co. 12). Cada persona es única, pero debe actuar siguiendo el bien para los otros, también debe reconocer los dones de los demás en humildad.
  • El discipulado se puede dar en grupos pequeños con ciertos grados de mentoría y seguimiento como sucedió con los 12 discípulos o Pablo- Timoteo, etc. La enseñanza era teórico- práctico/ experimental, dando preponderancia al fruto del amor y la fe para desarrollar el carácter de Cristo en las personas.
  • Frecuentemente conversiones de casas / familias enteras en el libro de los Hechos, grupos grandes, pero también individuos que chocaron con el resto de los familiares. Respecto al mensaje, como nos dice Boff (s.f.), la misión de evangelización abarca tanto el aspecto profético/ proclamación como el pastoral/ servicio (p. 45). Eso implica que la iglesia no debe abocarse solo al servicio social ni solo a la proclamación sino tener un equilibrio. Ese servicio debe ser integral: a lo físico, emocional, social, etc.
  • La adoración era llevada a cabo comúnmente en la hermandad, pero también en lo privado
  • La comunión era fuerte tanto en compartir el pan como las ayudas mutuas y la participación en los sufrimientos.

Datos de la problemática

Como ya mencionamos el individualismo tiene aspectos positivos y negativos, unos que son oportunidades y otros que son retos, en este caso señalaremos aquellos aspectos que son negativos. El asunto del individualismo es difícil de medir por ser de carácter cualitativo, pero sí podemos conocer algo al respecto en cuanto a lo que tiene que ver con el involucramiento en la iglesia y otros tipos de parámetros que podemos determinar de los diferentes aspectos de la iglesia arriba mencionados.

  1. En cuanto al servicio podemos medirlo en base al involucramiento, pero también por las actitudes si estas son humildes o egoístas, si se hacen con el fin de buscar la fama o la gloria personal, si hay trabajo en equipo, etc.
  2. Respecto al discipulado si el enfoque es intelectual o es relacional. Si hay un enfoque en las emociones temporales o si el enfoque es en el cambio permanente de vida. ¿cuál es el grado de compromiso logrado? ¿está la gente dispuesta a dar de su tiempo, dinero y esfuerzo, abocarse a las disciplinas espirituales, negarse a sí mismo y amar al prójimo?
  3. ¿Es la predicación del evangelio solo en una fe intelectual o un arrepentimiento real? ¿la gente está solo porque los ayudan o realmente avanzan a la fe y se establecen en ella?
  4. ¿se ve como innecesario reunirse para adorar?, ¿la gente no participa en el dar, alabar, ofrendar, diezmar? ¿Está la búsqueda de una experiencia personal sin un sentido de para qué?
  5. ¿logra tener la iglesia una participación, convivencia, interrelación constante y profunda con otros? ¿comemos juntos? ¿ayudamos a los necesitados de la iglesia?

A parte de los puntos antes mencionados también podríamos ver el individualismo en la actitud hacia diferentes aspectos eclesiales mayormente en el aspecto de fidelidad/sujeción.

  • Respeto y sujeción a los líderes eclesiales o una mayor independencia a ellos
  • Sujeción a la disciplina eclesiástica o ¿mejor se van a otra iglesia?
  • ¿hay apego o fidelidad a una denominación?
  • ¿los miembros se apegan a la doctrina denominacional o tienden a oír otras doctrinas y formarse sus propios puntos de vista?

  Algunas características de los hermanos en las ciudades que podemos observar son:

  • Poco involucramiento en los cultos entre semana por una ocupación grande en el trabajo, estudios u otras actividades. Incluso hay una asistencia muy irregular.
  • Dificultad para hallar líderes y gente que quisiera servir. La razón o excusa es que no hay tiempo o que no quieren compromiso.
  • Cierto menosprecio y desinterés hacia la figura del pastor y su función en relación con la visitación a sus hogares o la consejería
  • Desapego general hacia otros miembros. Usualmente el grupo pequeño que sirve y asiste más a la iglesia es el más antiguo y el que muestra más comunión. El resto no suele mostrar más que una relación ocasional hacia los demás.
  • Poca disposición al sacrificio, queja para dar tiempo o dinero, pocos participan de disciplinas espirituales.
  • Hay varias personas que han estado en otras iglesias y están probando a ver que tal está la situación en el lugar.
  • Hay muchas personas que irán por un tiempo y luego no volverán.
  • Varios dirán que ellos buscan a Dios en sus casas
  • Si se les quiere amonestar o disciplinar dejan de asistir o se cambian a otra iglesia.
  • Los hermanos desearán que se les ayude, se ore por ellos en su necesidad, pero no hay un compromiso al crecimiento.

Posicionamiento pastoral

Por un lado, podemos quedarnos en un espíritu de queja por la situación o buscar un aprendizaje y cambio capaz de revertir la situación. Lo anterior es interesante porque hay iglesias que han logrado el compromiso, involucramiento, crecimiento y unidad en sus iglesias. De allí que debamos observar ¿qué hicieron ellos que no hayamos hecho nosotros? ¿Qué valores y aspectos culturales debemos adoptar? Tal vez como dice Keller (s.f.) “la sensibilidad de la mayoría de las iglesias y líderes evangélicos es a menudo no urbano o aún antiurbanas” (p. 5) y por ello propone adoptar ciertos valores que es necesario identificar y evaluar de acuerdo con la realidad social de la comunidad.

Entonces el reto del individualismo nos lleva a no renunciar a los propósitos de Dios, pero sí a la necesidad de estudiar la realidad social y sus valores, así como a revertir la cultura interna de nuestras iglesias en las ciudades que ha impedido un crecimiento mayor y más impacto. También tenemos que evaluar la estructura eclesiástica y las estrategias propias sin dejar de involucrar la necesidad de una renovación espiritual profunda pues aquellas iglesias que lograron avivamiento revirtieron en cierta forma el espíritu individualista.

Creo que al respecto hace falta orar y comenzar desde el púlpito impartiendo una nueva visión que impacte la vida de los hermanos. Podemos aseverar que hay pecados como el egoísmo, la falta de amor genuino, la desobediencia a los pastores, la tibieza, la desunión, la falta de compromiso que necesitan ser confrontados de muchas maneras. Ahí entraría lo que dice Pablo a no conformarnos a este siglo, sino transformarnos mediante la renovación de nuestro entendimiento (Ro. 12:2).

Tampoco podemos dejar pasar por alto el valor de la individualidad en sus aspectos positivos y retomarlo como un punto a nuestro favor. Entender que esta individualidad debe forjarse ahora con centro en Cristo hasta llegar a parecerse a él quien se despojó a sí mismo por amor (Fil. 2).

También tenemos que entender las fuerzas que atan a nuestros miembros y cual faraón no quieren dejar ir al pueblo a adorar al desierto. No solo al pecado y a Satanás sino a las estructuras sociales, capitalistas, económicas y laborales que son ajenas al individuo, pero en la que todos estamos insertos, ¿cómo lidiamos con trabajos pesados que dejan poco tiempo, con el bajo salario y la pobreza?

Por otra parte, también hay que poner atención a la advertencia de quienes han mostrado que muchas iglesias se han desviado tras un evangelio a la carta, satisfaciendo necesidades personales, pero no llevándolos a la salvación, ni a un compromiso concienzudo con la verdad y el amor. Recordemos que, “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” (Stg. 1:27). Por Latinoamérica han surgido iglesias pare de sufrir pero también las de evangelio de prosperidad y éxito bajo el lema “solo decláralo” que gana muchos adeptos pero no forma discípulos reales y firmes.

Nuestra meta debe ser formar gentes en las ciudades cuyo reino no sea el de este mundo con sus valores y deseos sino de hombres y mujeres que cada día se parezcan más al maestro y Señor, en palabra, conducta, espíritu, fe y pureza. El reto de ser discípulo sigue siendo llevar la cruz de Cristo y negarse a sí mismo, por tanto, el centro de nuestra vida no puede ser el yo, sino Jesús quien murió y se entregó por nosotros para hacernos libres y darnos vida.